Por Christian C.
Estamos en condiciones a esta altura de comparar la obra de Botaya con la de Lovecraft.
Ambas narrativas presentan a la Antártida no como un desierto de hielo vacío, sino como un continente que oculta secretos geológicos y arquitectónicos masivos.
Lovecraft describe una cordillera más alta que el Himalaya que protege una ciudad ciclópea construida por los «Antiguos».
En tanto que Botaya habla de oasis térmicos y entradas a un mundo subterráneo ocultas por una orografía que los radares de la época no podían penetrar fácilmente.
Y el núcleo de ambas historias es el hallazgo de algo que desafía la ciencia de su tiempo:
En la novela «En las montañas de la locura», la expedición de la Universidad de Miskatonic encuentra seres biológicamente imposibles y una ciudad con una geometría no euclidiana.
En la tesis de Botaya, la expedición de Byrd se topa con los Haunebu (platillos volantes), naves con una tecnología de propulsión que parece de otro mundo, aunque su origen sea procedente de canalizaciones en este mundo.
Y tenemos, separados por años, desde la novela literaria de Lovecraft en su desenlace una asombrosa concordancia con el fin de la operación Highjump.
Lovecraft describe que la expedición científica termina en desastre, muertes violentas y la locura de los supervivientes, quienes intentan advertir al mundo que nadie debe volver jamás a esas montañas.
En 1947, la Operación Highjump se retira precipitadamente. Al regresar, el Almirante Byrd da declaraciones crípticas sobre una amenaza que puede volar de polo a polo, y se impone un manto de silencio oficial (el «secreto de estado») que actúa de forma similar al «silencio por cordura» en los cuentos de Lovecraft.
Existe además un interesante paralelismo simbólico entre los habitantes de estas bases, alojadas en la Antártida.
Los Antiguos de Lovecraft son una civilización antigua, superior y ahora oculta, que observa el desarrollo humano con desdén.
El Último Batallón en la tesis de Botaya se presenta como una élite tecnológicamente avanzada que ha abandonado la sociedad convencional para establecer un «nuevo orden» bajo el hielo, operando desde las sombras.
La conexión entre las anomalías magnéticas mencionadas por el Almirante Byrd y la obra de H.P. Lovecraft, «En las montañas de la locura», se encuentra en la intersección entre los reportes históricos y el horror cósmico.
Existen varios puntos clave que vinculan ambos mundos, como las anomalías magnéticas y las «puertas» a otro mundo.
En la versión oficial, la Operación Highjump reportó variaciones en los instrumentos de navegación debido a la cercanía del polo magnético. Sin embargo, conforme a la tesis de Felipe Botaya, estas anomalías se interpretan como distorsiones provocadas por tecnología avanzada o entradas a bases subterráneas.
En la obra de Lovecraft los protagonistas de la expedición de la Universidad de Miskatonic sufren fallos similares y descubren que las brújulas actúan de forma errática cerca de las montañas. Para Lovecraft, estas anomalías no son solo físicas, sino que sugieren una geometría no humana que altera las leyes de la física conocidas.
La tesis de Botaya sostiene como sabemos que los nazis encontraron (o construyeron) instalaciones masivas bajo el hielo.
Esta idea guarda un parecido asombroso con la ciudad ciclópea que describe Lovecraft, construida por una raza alienígena (los «Antiguos») hace millones de años.
Resulta comprensible que esta base 211 no la habrían construido desde cero, sino que habrían reutilizado ruinas preexistentes, tal como los personajes de Lovecraft exploran los restos de una civilización olvidada.
El Almirante Byrd supuestamente mencionó en su diario un «vuelo más allá del polo» donde el clima era cálido y la vegetación visible.
En «En Las montañas de la locura», Lovecraft explora la idea de un abismo geológico y cavernas interminables que descienden hacia las profundidades del planeta. Ambas historias utilizan la Antártida como un «tapón» que oculta un mundo interior que la humanidad no está lista para ver.
Tanto en los reportes de Byrd como en la novela de Lovecraft, el mensaje final es de advertencia:
Byrd advirtió sobre aeronaves que podían viajar de polo a polo a velocidades increíbles. Y el narrador de la novela de Lovecraft termina la historia suplicando que se detengan todas las exploraciones futuras para no despertar lo que yace bajo el hielo.
Resulta claro a esta altura que conforme dilucidamos de la tesis de Botaya, los nazis habrían contactado con los habitantes de Agartha en la Antártida.
Y ahora sabemos que Agartha es otro nombre para la morada subterránea de los Antiguos, quienes se hallan nucleados en torno a Nyarlathotep.
En la cosmogonía de Lovecraft, Nyarlathotep es el único de los Primigenios que camina entre los hombres, actuando como un embajador o mediador.
Nyarlathotep, podemos afirmar, es el «Führer Invisible» o líder oculto de los Antiguos.
Algunos ocultistas sugieren que la entidad que guiaba a la Sociedad Thule y la Ahnenerbe era Nyarlathotep bajo diferentes apariencias (incluyendo al «Hombre de Negro» original).
Bajo esta óptica, la base en la Antártida no sería solo militar, sino un templo para invocar a esta entidad desde el «Sol Negro» del interior de la Tierra.
En la novela «En las montañas de la locura», los protagonistas encuentran una ciudad que desciende hacia abismos sin nombre.
Los ocultistas vinculan este «Abismo de Shoggoths» con las entradas a Agartha en los polos.
Se dice que Nyarlathotep habita en el «Centro de la Tierra» (o en el vacío que este ocupa). Así, podemos afirmar que Agartha no es «un paraíso espiritual» del tipo demiúrgico, sino un lugar de geometría no euclidiana y horror biológico donde Nyarlathotep coordina el regreso de los Primigenios.
Grupos como la Orden Tifoniana de Kenneth Grant han sugerido que Nyarlathotep es una corriente de energía que emana de dimensiones «transplutonianas» y se manifiesta en la red de túneles de Set (un concepto análogo a los túneles de Agartha).
Las expediciones a la Antártida (como la de 1947) habrían sido intentos de las potencias mundiales por contactar o controlar esta corriente de energía «Vril/Nyarlathotep» que emana del polo sur.
Consideremos más en detalle el rol de Nyarlathotep de Lovecraft, quien es «el Hombre de Negro Original».
En el poema en prosa Nyarlathotep (1920), Lovecraft lo describe como un hombre de aspecto egipcio, alto y delgado, que viaja por el mundo realizando exhibiciones de instrumentos científicos y eléctricos que dejan a la gente sumida en pesadillas.
Esto puede aquí concatenarse con lo que se dice que la sociedad Vril recibió conocimientos técnicos de una entidad similar para construir sus prototipos de energía Vril-2.
Recordemos también, que según refiere Lovecraft, Nikola Tesla (tan polémico para la sinarquía científica) era un avatar de Nyarlathotep, lo cual condice con lo aquí sugerido, de tecnología oculta (los Haunebu) canalizada de Nyarlathotep.
Curiosamente, el fenómeno de los Hombres de Negro nace en 1947, el mismo año de la Operación Highjump y el incidente de Roswell.
Se dice que tras el regreso de Byrd, varios oficiales y testigos de «anomalías» en el polo fueron visitados por hombres de tez cetrina, ojos ligeramente rasgados y voces monótonas que los amenazaron para que guardaran silencio.
Para ciertos ocultistas los MIB, «Men in black», más allá de los conocidos agentes ocultos de la sinarquía en un escalón jerárquico supragubernamental, son en otros casos proyecciones de Nyarlathotep, o enviados de Agartha, que buscaban proteger el secreto de lo que se había despertado en el hielo.
La tesis sugiere que el Almirante Byrd no se enfrentó solo a soldados alemanes en 1947, sino a una fuerza protegida por esta entidad. El «Hombre de Negro» (el original por supuesto, que remite a Nyarlathotep y no su imitación sinárquica) sería el mediador entre la tecnología humana oculta y el horror cósmico.
Al final de «En Las montañas de la locura» el personaje Danforth ve algo en el horizonte, un horror que lo vuelve loco y que solo puede describir como un «caos reptante». Muchos creen que lo que vio fue la manifestación de Nyarlathotep emergiendo de la entrada de Agartha.
Luego, debemos dar por sentado, dada la presencia Hiperbórea en la Antártida, de referentes rúnicos. Y por supuesto los hay, tanto referidos por Lovecraft en su novela «En las montañas de la locura», como lo constatado por la expedición del almirante Byrd. Demos un repaso a diferentes signos rúnicos allí encontrados:
La Runa Sieg o el Rayo de Vril, es la runa que todos conocemos por las SS, pero en el contexto de la Sociedad Vril, representaba la descarga eléctrica del cosmos.
Se dice que los prototipos Vril-1 llevaban una variante de esta runa en su chasis. No como insignia nacional, sino como un símbolo de «polarización» para el motor de implosión.
Recordemos en la obra de Lovecraft que Nyarlathotep realiza demostraciones con instrumentos eléctricos y rayos.
La Runa Sieg es el símbolo de ese poder técnico que parece magia para los no iniciados.
El Sol Negro (Schwarze Sonne) es el símbolo más importante de la «Base 211». Es una rueda solar con doce rayos que emanan de un centro oscuro. Esto representa el sol interior de la Tierra (el corazón de Agartha). Se dice que los motores de los platillos voladores funcionaban mediante la «luz negra», una energía invisible que anula la gravedad.
El Sol Negro, como bien sabemos, es la representación visual perfecta del «Caos Primigenio» donde habita Azathoth. Es una luz que no ilumina en términos físicos, sino que destruye la percepción humana. Algunos dicen que los pilotos de Byrd vieron este símbolo brillando en el centro de las naves que los atacaron.
La Runa Hagal tiene forma de estrella de seis puntas (como un copo de nieve). En el misticismo de la Sociedad Vril, representa el cruce y conjunción entre dos polos, uno ascendente, y otro descendente.
En la Antártida se asocia con la cristalización del conocimiento. Algunos testimonios (por supuesto no reconocidos oficialmente) de pilotos de la Operación Highjump describieron que las naves que salían del agua tenían una geometría hexagonal o «estrellada» que recordaba a esta runa.
Recordemos que, como es descrito en «En las montañas de la locura», los Antiguos de Lovecraft tienen una estructura biológica pentagonal o hexagonal. La Runa Hagal simboliza esa geometría alienígena que domina el continente helado.
El símbolo Wolfsangel y su «Defensa del Umbral» (el «gancho para lobos») se utilizaba como una marca de protección y captura. Se dice que estaba grabado en las entradas de los túneles que conducían a la Base 211. Su función era «atrapar» las ondas de radar enemigas y desviarlas, creando las famosas anomalías magnéticas que volvían locos a los instrumentos de Byrd.
Un detalle fascinante que une a Botaya con Lovecraft es la descripción de los símbolos en las naves. Byrd en su diario secreto menciona que las naves tenían grabados «extraños» que a veces parecían esvásticas, pero otras veces parecían jeroglíficos desconocidos.
Acorde a «En Las montañas de la locura», los exploradores encuentran bajorrelieves con la historia de la Tierra grabados en una escritura que ningún humano puede leer.
La tesis esotérica sugiere que los «signos rúnicos» eran solo una traducción simplificada de los glifos de Agartha.
Aquí es donde debemos distinguir entre los «signos rúnicos» representados, y las runas como tal, que dada su esencia increada, son irrepresentables, y su expresión, tanto acústica como gráfica, solamente puede ser entendida en la «la lengua de los pájaros» (la lengua de los «lagartos») de los Siddhas de Agartha.
Los nazis adoptaron estos símbolos porque eran lo más cercano que tenían para representar el lenguaje de los «Maestros», o de Nyarlathotep.
Un aspecto que no puede dejarse aquí como «hito suelto», es el del mapa de Piri Reis, concerniente a la Antártida, más cartografiado conforme a condiciones muy diferentes de las actuales, que remiten a una época pretérita.
El Mapa de Piri Reis es de hecho para muchos investigadores de lo alternativo la evidencia que demuestra que la Antártida no siempre fue un desierto de hielo y que civilizaciones antiguas (de origen intraterreno e Hiperbóreo) la cartografiaron cuando era habitable.
El mapa, dibujado por el almirante otomano Piri Reis sobre piel de gacela, muestra las costas de África, América y una masa de tierra en el sur que muchos identifican como la Antártida.
Lo impactante es que la costa dibujada coincide con la Tierra de la Reina Maud, tal como es bajo el hielo. Según la ciencia oficial, esa zona ha estado cubierta por glaciares durante millones de años, pero el mapa la muestra con ríos y montañas.
Piri Reis anotó en el mapa que él no exploró esas tierras, sino que se basó en «mapas antiguos del tiempo de Alejandro Magno». Esto sugiere que existió una civilización previa con tecnología cartográfica avanzada (como la de los Megamicres o los Hiperbóreos) que conocía el continente antes de la glaciación.
El profesor Charles Hapgood, propuso la teoría del Desplazamiento de la Corteza Terrestre usando este mapa como prueba.
La teoría dice que la Antártida estaba mucho más al norte (en una posición templada) y que un deslizamiento repentino de la corteza la llevó al Polo Sur, congelándola instantáneamente.
Habiendo previamente una civilización allí, sus ciudades y entradas al mundo subterráneo quedaron selladas bajo kilómetros de hielo en cuestión de horas. Esto explicaría por qué los nazis y el Almirante Byrd buscaban «oasis» o puntos de calor: buscaban las ruinas de esa civilización madre.
Varios autores esotéricos señalan que el Mapa de Piri Reis muestra una continuidad entre el sur de América y la Antártida.
En el mapa, ambos continentes parecen estar casi unidos o conectados por una cadena montañosa.
Y esto para nosotros indica que la red de túneles subterránea que abarca todo el mundo, desde el Tíbet a los Andes, continúa físicamente hacia la Antártida, formando un sistema circumpolar de transporte subterráneo.
Todo esto pone en evidencia una versión muy diferente a la de la historia oficial, y de allí los intereses por desacreditar lo concerniente al mapa de Piri Reis.
Existió una pre-humanidad, seres con capacidad de navegar y medir la longitud (algo que según la versión oficial sinárquica solo se logró en el siglo XVIII).
Y además, si el mapa muestra ríos y valles, también sugiere donde están las cuevas naturales y las depresiones geológicas que hoy son las entradas a la Tierra Hueca ocultas por el hielo.
La precisión del mapa indudablemente sugiere el uso de matemáticas esféricas y trigonometría que los antiguos decían haber aprendido de los Dioses o seres del mundo intraterreno.

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