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Los Misterios Hiperbóreos de la Antártida -Segunda parte-

Por Christian C.

La Antártida ha sido,desde su descubrimiento,el lienzo donde la humanidad proyecta sus mayores temores y sus más oscuras ambiciones. Considerada durante siglos como una «Terra Incognita», este desierto de hielo no solo representa un desafío geográfico, sino un abismo ontológico que desafía la comprensión humana.

Aquí nos proponemos analizar la intersección entre dos ejes que han moldeado el mito antártico contemporáneo, disponiendo por un lado de la tesis revisionista de Felipe Botaya en su obra «Antártida 1947», acerca de la enigmática «Operación Highjump» liderada por el Almirante Richard Byrd, y por otro lado el horror cósmico de H.P. Lovecraft desde su famosa obra «En las montañas de la locura».

El año 1947 se erige como el epicentro de esta temática. Mientras el mundo intentaba recuperarse de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos desplegaba una fuerza naval sin precedentes hacia el Polo Sur, una misión que oficialmente buscaba fines científicos pero que, tras una retirada precipitada y declaraciones crípticas de sus líderes, alimentó la sospecha de un conflicto oculto.

¿Fue la expedición de Byrd meramente un intento de erradicar el «Último Batallón» de la Alemania nazi, o además, como sugiriera presagiando la literatura lovecraftiana ya años antes, un tropiezo con inesperadas entidades preexistentes que habitan en los abismos del mundo subterráneo de Agartha?

Considerando las anomalías magnéticas en el Lago Vostok, los archivos esotéricos de la Ahnenerbe capturados por la Unión Soviética, y la recurrente aparición de la figura de un ser de Negro (vínculo directo con el avatar Nyarlathotep), todos temas que tendremos oportunidad de comentar, arribamos a la conclusión de que la Antártida no es como se dice un continente vacío, sino la tapa de un cofre que oculta una tecnología y una presencia biológica que la civilización de la superficie aún no puede siquiera imaginar.

Aquí la línea entre la realidad histórica y el mito se desvanece, sugiriéndose que, bajo el hielo eterno, el pasado más remoto y la tecnología más avanzada convergen en un silencio absoluto y vigilado.

Según el Departamento de Marina de los EE. UU., la Operación Highjump (Task Force 68) tenía como fin principal establecer la base de investigación Little America IV.

Desde la versión oficial se sostiene que se buscaba probar equipos militares, helicópteros y ropa de abrigo en condiciones de frío extremo, y consolidar la soberanía estadounidense sobre el continente, así como realizar mapas fotográficos aéreos.

Y aquí comienzan las incógnitas extrañas. Para mapear un continente no se suele enviar una flota de 13 barcos, un portaviones (el USS Philippine Sea), submarinos y más de 4,700 soldados.

Es sin dudarlo una fuerza de ataque, no un equipo de topografía.

Aquí es donde la tesis de Botaya cobra fuerza. El autor argumenta que la inteligencia estadounidense, tras interrogar a oficiales alemanes capturados y analizar documentos de la Ahnenerbe, sabía que la expedición nazi de 1938 no solo había puesto banderas, sino que había encontrado cavernas térmicas, y se cree que el objetivo real de Byrd era localizar el acceso submarino a estas bases.

Al igual que en la obra «En las montañas de la locura», donde la expedición buscaba rastros de una civilización biológicamente superior, Byrd buscaba el «Último Batallón», una élite que se rumoreaba poseía la tecnología Vril.

Tras el análisis de los diarios capturados al Almirante Byrd así como por otra parte los registros de sonar en el Lago Vostok por la entonces Unión Soviética, se comprendió que la masa terrestre antártica no es un continente sólido, sino una «cáscara» sobre un sistema de cavidades térmicas activas.

Los informes alemanes de 1938 no eran propaganda, sino que localizaron con éxito lo que ellos llamaban «La Entrada» o Der Eingang.

De allí el establecimiento de la base 211 por parte de los alemanes allí, o Neuschwabenland, «Nueva Suabia».

En «La sombra sobre Insmouth», Lovecraft refiere el signo rúnico de los Primordiales tallado en piedra, que sumado a la presencia de los Antiguos en la Antártida acorde a su otra obra «En las montañas de la locura», no deja lugar a dudas que los alemanes establecieron contacto en la meseta antártica con las mismas entidades hiperdimensionales que refiriera Lovecraft. Y la cita en cuestión es la siguiente:

«En determinados lugares dejaron unas piedras pequeñas como talismanes que llevaban grabado encima un signo de esos que llaman ahora la svástica. Debían de ser símbolos de los Primordiales.»

Botaya vincula los eventos de 1947 en la Antártida con el estallido del fenómeno OVNI en Estados Unidos ese mismo año (como el caso de Kenneth Arnold o el incidente Roswell). Su tesis sugiere que los avistamientos no eran de origen extraterrestre, sino prototipos terrestres (alemanes o derivados de su tecnología obtenida) operando desde bases remotas.
Recordemos las fotografías del caso Adamski a comienzos de los años 50, de platillos voladores con signos rúnicos de cruces gamada y el sol negro.

Curiosamente George Adamski declaró haber establecido contacto con «venusinos»,lo que nos remite a los Siddhas procedentes de «La puerta de Venus».

O también el caso de aquel contactado californiano, que escuchó a los tripulantes de la aeronave hablar en perfecto alemán.

Lo que más llama la atención es el fin abrupto que tuvo la misión Highjump. Se perdieron varios aviones y hubo bajas humanas oficialmente atribuidas a accidentes.

La misión se encontró con algo que los superaba. No fueron atacados por soldados alemanes con ametralladoras, sino por naves que salían del agua y utilizaban armas de frecuencia magnética.

Byrd regresó a bordo del USS Mount Olympus advirtiendo que, en caso de una nueva guerra, EE. UU. podría ser atacado por objetos capaces de volar entre los polos.

Y esta es la frase que conecta el conflicto militar con el horror cósmico: la comprensión de que hay un depredador superior habitando en el «punto ciego» del mundo.

Tenemos así en la operación Highjump, y detrás de la historia oficial, tres ocultas aproximaciones. Una militar, que buscaba oficialmente probar equipos de frío, y el objetivo real era destruir el refugio tecnológico nazi allí presente.

Luego, la vertiente científica, que oficialmente se encargaba de la fotografía aérea y el estudio geológico, manteniendo esta pantalla para en realidad localizar las entradas a la «Tierra Hueca», de la morada intraterrena de Agartha.

Y finalmente el objetivo geopolítico, que oficialmente se basaba en cierta soberanía territorial, pero su objetivo real era la contención de los «Antiguos» y sus aliados humanos en este plano dimensional.

La tecnología de la Base 211 no era simplemente avanzada, sino «ajena» a la comprensión humana convencional.

La física tradicional se basa en la explosión (combustión, expansión). Sin embargo, los planos que Maria Orsic y la Sociedad Vril canalizaron de fuentes extraterrestres se basaban en la implosión.

Esta tecnología «Wunderwaffen», fue desarrollada a partir del contacto y canalización que hiciera la Sociedad Vril de los Siddhas de Agartha, y el contacto con Nyarlathotep, «El caos reptante» de que hablara Lovecraft.

Como bien expone Felipe Botaya, los prototipos Haunebu utilizaban un motor de levitación magnética (el Thule Triebwerk) que creaba un vacío de gravedad.

Y aquí es donde asoma el enlace con lo que refiere H.P Lovecraft.

En los relatos lovecraftianos, los «Antiguos» no utilizaban naves espaciales convencionales, sino que dominaban las leyes del éter y el magnetismo para desplazarse entre dimensiones. El Vril sería el nombre humano para esta fuerza supra-cósmica que Lovecraft describe como una energía que hace que la materia «fluya» de formas imposibles.

Uno de los puntos más inquietantes de «En las montañas de la locura» es la descripción de las ciudades de los Antiguos, donde los ángulos parecen estar «equivocados» y provocan mareos en los exploradores.

Se rumorea que las instalaciones de la Base 211 no fueron construidas con cemento y acero, sino que fueron talladas directamente en el hielo y la roca mediante láseres o tecnología sónica de alta frecuencia.

Los registros de la Ahnenerbe sugieren que la Base 211 no es una construcción puramente humana. Sino que los alemanes establecieron una simbiosis con una inteligencia preexistente allí, desarrollando naves de propulsión no convencional, deviniendo en los famosos «platillos volantes» o Haunebu.

Al igual que en la referida novela de Lovecraft, donde las montañas esconden ciudades invisibles al ojo inexperto, las anomalías de radar actuales cerca de la Estación Neumayer muestran estructuras geométricas bajo el hielo que no deberían existir de forma natural.

Para la Sociedad Vril, esta energía no era solo combustible; requería una interfaz biológica. Las médiums de la sociedad Vril sostenían que el piloto debía estar en «sintonía» con la nave.

Si aceptamos que Nyarlathotep es el facilitador de este conocimiento, entendemos que la tecnología del abismo tiene un precio: el usuario debe sacrificar su percepción humana para operar máquinas que funcionan bajo las leyes del «Caos Reptante». Esto explica por qué los pilotos de Byrd informaron de aeronaves que se movían de forma errática y orgánica, casi como si estuvieran vivas.

Si comparamos lo expuesto por Botaya con las descripciones brindadas por Lovecraft, encontramos más que interesantes hallazgos.

En cuanto a la propulsión, en la tesis de Botaya hay levitación por mercurio/magnetismo. En tanto que en la literatura lovecraftiana hay un desplazamiento interdimensional/etéreo.

Botaya hablaba de cámaras térmicas subglaciales y «En las montañas de la locura» menciona ciudades ciclópeas bajo el hielo.

Botaya describe aleaciones metálicas desconocidas y de igual modo Lovecraft, quien también refiere sobre piedra y materia biológica ultraresistente.

En los Haunebu se aprecian representaciones de runas y el sol negro, en tanto que Lovecraft menciona bajorrelieves y glifos geométricos.

Evidentemente la tecnología que Byrd enfrentó en 1947 no era solo superior, sino ontológicamente diferente. Mientras que EE. UU. llevaba portaaviones de hierro y motores de gasolina, la Base 211 operaba con una física que Lovecraft advirtió que podría llevar a la locura si alguna vez se comprendiera totalmente.

La tesis de la supervivencia nazi en la Antártida a menudo se enfrenta a una pregunta lógica: ¿Cómo sobrevivieron miles de personas durante décadas en el lugar más inhóspito del planeta?

Según Botaya y otros investigadores, sugieren que los habitantes de la Base 211 no dependían de suministros externos, sino de una integración con el ecosistema de Agartha.
En la obra «En Las montañas de la locura» similarmente los Antiguos crearon a los Shoggoths, masas protoplasmáticas capaces de adoptar cualquier forma y realizar trabajos pesados. La perspectiva esotérica sugiere que los nazis habrían «heredado» o aprendido a controlar formas de vida similares (biotecnología) para mantener sus infraestructuras bajo el hielo.

Como bien es sabido, los informes rusos sobre el Lago Vostok hablan de criaturas que desafían la biología conocida.

Se refiere que la tecnología Vril no era solo mecánica, sino orgánica. Las naves podrían haber sido en parte seres vivos, o poseer una «conciencia» vinculada al piloto.

Se dice que la exposición prolongada a la energía Vril y al magnetismo polar altera la biología humana. Los testigos que afirman haber visto a los «habitantes de Agartha» los describen como seres de gran estatura, piel extremadamente pálida y ojos que parecen ver en el espectro ultravioleta.

Recordemos al respecto la descripción dada del capitán Kiev, en «El misterio de Belicena Villca», que connota claramente además un aspecto reptílico: «pues le otorgaba el indudable aspecto de un ser de otro mundo, o perteneciente a una Raza desconocida, eran sus ojos carentes de pupila, sólo compuestos por un iris color verde esmeralda: esos ojos, desprovistos de expresión humana, testificaban la inquietante evidencia de que la Historia del hombre ha olvidado algo; algo que quizá sea inevitable recordar en nuestra Época».

El misticismo nazi buscaba la mutación hacia el «Übermensch» o Superhombre. Bajo la influencia de las entidades de la Antártida, este «superhombre» manifestaría una tipología muy diferente a un ser humano convencional.

Los documentos capturados por los rusos de la Ahnenerbe por ej. contenían estudios sobre la «resistencia al frío absoluto» y «memoria celular».

Se dice que los nazis recolectaron muestras de ADN prehistórico en la Antártida para intentar «resucitar» razas antiguas.

Esto espeja claramente el descubrimiento de los exploradores de Lovecraft en sus relatos, quienes hallan ejemplares de Antiguos perfectamente conservados en el hielo y, al intentar diseccionarlos, provocan su despertar.

Tras el regreso de la Operación Highjump, el Pentágono y el Kremlin llegaron a una conclusión aterradora: la fuerza que habitaba la Antártida no podía ser derrotada por medios convencionales.

Se pasó entonces a un cambio de estrategia, de la «conquista militar» a la «contención diplomática»: Si no puedes destruir la Base 211 o desalojar a las entidades del abismo, debes asegurarte de que nadie más las encuentre.

Al final de «En las montañas de la locura», el superviviente Dyer escribe su informe no para ganar fama, sino para rogar que se detenga toda exploración futura. El Tratado Antártico es la versión burocrática del ruego de Dyer.

Firmado en plena Guerra Fría, es uno de los contados acuerdos donde EE. UU. y la URSS cooperaron plenamente, lo cual deja entrever nuevamente como poderes que oficialmente se declaran opuestos, mantienen intereses en común acorde a la estrategia de la sinarquía internacional.

El tratado prohíbe las pruebas nucleares y el establecimiento de bases militares, convirtiendo el continente en una «reserva para la paz».

Según Botaya, el tratado no protege la naturaleza, sino que actúa como un cordón sanitario. Las bases científicas modernas (como Neumayer, Vostok o McMurdo) no son laboratorios, sino puestos de guardia que vigilan los puntos de salida de los USOs (también conocidos por sus siglas OSNI, «Objetos sumergibles no identificados») y las fluctuaciones magnéticas de la red de Agartha.

Este informe estaría incompleto de no hacer una revisión de la información que albergó luego de la segunda guerra mundial la Unión Soviética, manejando claramente un ala táctica de la sinarquía, desde la supuesta oposición del comunismo al capitalismo neoliberal anglonorteamericano.

Su análisis resulta crucial, para contrastar con lo expuesto de la expedición del almirante Byrd, y así arribar a la conclusión a que nos llevará todo esto.

Esto tiene directa relación con el destino de los archivos de la Ahnenerbe tras la caída dBerlín en 1945, dando lugar a uno de los capítulos más oscuros de la Guerra Fría y bríndonos así la pieza que falta para entender por qué la URSS y EE. UU corrieron hacia la Antártida.

Mientras los estadounidenses se llevaron a los científicos (Operación Paperclip), los soviéticos se hicieron con el corazón documental de las investigaciones esotéricas nazis.

En 1945, el Ejército Rojo descubrió en un castillo de Silesia (y en búnkeres en Berlín) toneladas de documentos de la Ahnenerbe. Estos archivos no contenían solo registros militares, sino también mapas detallados de entradas submarinas en la Antártida («Tierra de la Reina Maud»), estudios sobre la energía Vril y experimentos de telepatía para contactar con «entidades no humanas» y traducciones de textos antiguos (sánscrito y sumerio) que describían naves voladoras (Vimanas).

Se dice que Stalin quedó fascinado con los informes sobre la Base 211. Al igual que el Almirante Byrd, los rusos enviaron sus propias expediciones, pero con un enfoque diferente: el espionaje de las «anomalías».

Mientras EE. UU. lanzaba la Operación Highjump, barcos balleneros soviéticos (la flota Slava) patrullaban la misma zona. Según la tesis de Botaya y otros investigadores, hubo encuentros tensos entre ambas potencias por el control de las «entradas al mundo subterráneo» descritas en los archivos capturados.

Los documentos que sobrevivieron fueron clasificados bajo el máximo secreto por la KGB. Algunos investigadores sostienen que en esos papeles se detallaba el contacto nazi con seres que Lovecraft llamaría Primigenios.

Los archivos sugerían que los nazis no solo buscaban tecnología, sino que intentaban «despertar» algo bajo el hielo mediante procedimientos esotéricos en las cuevas antárticas.

Y aquí nuevamente asoma la conexión lovecraftiana. «En Las montañas de la locura» cuenta que la expedición científica despierta accidentalmente a los Shoggoths. Los archivos rusos supuestamente contienen informes sobre «biomasa inteligente» (los Shoggoths, como creación artificial de los Antiguos), encontrada en lagos subglaciales que coincide con las descripciones del horror biológico de la novela de Lovecraft.

Tras la caída de la URSS en 1991, una pequeña parte de estos archivos salió a la luz, revelando el interés nazi por el Tíbet y la Antártida. Sin embargo, los planos de los Haunebu (los platillos volantes) y los informes de contacto con Agartha siguen bajo llave en los archivos del FSB (sucesor de la KGB).

Si unimos los puntos, tenemos que EE. UU. (Según lo protagonizado por el almirante Byrd en la operación Highjump), creía tener la fuerza militar para intentar una invasión de la base antártica.

Y por otro lado la URSS (a partir de su apoderamiento de algunos archivos de la Ahnenerbe), tenía la «llave» teórica y los mapas esotéricos para entender qué había allí.

Más ninguno de los dos pudo tomar el control total. La Antártida se convirtió en una zona de «exclusión» mediante el Tratado Antártico de 1959, que prohíbe cualquier actividad militar… ¿o quizás sirve para que nadie más descubra lo que los archivos rusos ya advertían?

Prestemos también especial atención al informe ruso específico sobre «objetos submarinos no identificados» (USOs) detectados cerca de la base Vostok, que es donde se encuentra el lago subglacial más grande de la Antártida.

El Lago Vostok es para los científicos, el lugar más aislado de la Tierra, pero para los investigadores de lo oculto y los seguidores de la tesis de «Antártida 1947», es el epicentro de la actividad de los USOs y el hogar de lo que Lovecraft llamaría «terrores abisales».

A principios de los años 2000, satélites y radares rusos detectaron una anomalía magnética masiva en el extremo sureste del lago.

Se trata de una estructura metálica o una perturbación de origen desconocido que se extiende por varios kilómetros bajo el agua.

Según expone Lovecraft en su novela «En Las montañas de la locura», los Antiguos construyeron sus ciudades en abismos submarinos y cavernas. La anomalía de Vostok es interpretada por muchos como los restos de una ciudad ciclópea o una antena transdimensional activa.

Uno de los relatos más oscuros que circulan entre ex-científicos rusos, es el que refiere que durante una perforación en el lago, los rusos encontraron una criatura de catorce tentáculos.
En las características de su tipología, era capaz de hipnotizar a sus presas y paralizarlas a distancia.

A qué nos recuerda esto? Los lectores de la literatura lovecraftiana ya tendrán sin duda la respuesta. Es la descripción exacta de una semilla estelar de Cthulhu o quizá un Shoggoth. El informe sugiere que la criatura fue responsable de la muerte de varios buzos rusos antes de ser capturada y estudiada en una instalación secreta.

Los registros de la marina soviética mencionan encuentros frecuentes con objetos que se desplazan bajo el hielo a velocidades que desafían la física (más de 400 nudos).

También en 1982, durante entrenamientos militares en lagos profundos (similares a Vostok), buzos soviéticos informaron haber visto seres humanoides de tres metros de altura vestidos con trajes plateados pero sin equipo de respiración.

No recuerda esto acaso algo a los Profundos (Deep Ones) que refiriera Lovecraft en «La sombra sobre Insmouth»?

Estos «nadadores» o naves submarinas serían la flota de defensa de la Base 211 o de Agartha. Se cree que el Lago Vostok sirve como un puerto interior que conecta el océano con el mundo subterráneo.

Los rusos descubrieron que, a pesar de estar bajo 4 km de hielo, el agua del lago está a una temperatura sorprendentemente alta (alrededor de 10°C a 18°C) debido a la actividad geotérmica.

Este calor constante habría permitido que formas de vida prehistóricas —o civilizaciones enteras— sobrevivieran aisladas del resto del mundo durante millones de años. Es el escenario exacto del «Valle Tropical» que el Almirante Byrd describió en su diario secreto.

¿Por qué el público general ignora estos eventos? Aquí entra la figura del «Hombre de Negro» como regulador de la narrativa.

Por un lado tenemos entidades de apariencia semihumana, vestidos elegantemente de negro, y auto de modelo desconocido, negro y flamante, que han aparecido en escena cada vez que algún investigador de lo oculto en estos temas se acercara peligrosamente a la verdad, a fin de neutralizarlo.

Se trata de agentes ocultos del poder sinárquico que operan en las sombras, y no responden a una instancia gubernamental, sino al poder sinárquico, o el «Estado Mayor Secreto».

Más esta tipología de los «Men in black», quizá con el objetivo adrede de desorientar, ha sido copiada y plagiada de una obscura figura Hiperbórea, Nyarlathotep, el «Hombre de negro original», que más allá de su indumentaria o atuendo, es negro en su misma complexión.

De igual modo que tenemos un sol negro Hiperbóreo, luciferino, y por otro lado un «sol negro arquetípico» a modo de copia, asociado comúnmente a Thagirion en el árbol qliphotico de la muerte.

Hay sin duda toda una desinformación programada. El fenómeno OVNI se «ridiculizó» sistemáticamente desde 1947 para que cualquier mención a naves en la Antártida fuera descartada como una fantasía.

Al igual que Byrd, otros exploradores y astronautas que han visitado los polos (como Buzz Aldrin) han mostrado comportamientos erráticos o han hecho declaraciones que sugieren un encuentro con una verdad insoportable.

Más, cierto cambio climático está revelando la orografía real de la Antártida… Con todo lo que esto implica!

A medida que el hielo retrocede, las estructuras geométricas y los lagos subglaciales (como Vostok) quedan expuestos.

De allí la creciente preocupación e interés de gobiernos de diferentes partes del mundo por la Antártida.

Nyarlathotep y los Primigenios no necesitarán invadir la superficie; simplemente dejan que lo que se ha ocultado bajo el hielo regrese por su cuenta.

A esta altura se comprende lo imperativo de mantener mediante el Tratado Antártico una zona de exclusión permanente. Cualquier intento de perforación profunda en el Lago Vostok o Neuschwabenland podría romper el «Sello de los Antiguos» y permitir la salida de biomasahostil (Clasificación: Shoggoth).

EE. UU y la URSS acordaron en su momento varias décadas atrás, que la existencia de la Base 211 y sus aliados transdimensionales debía ser borrada de la historia pública para evitar el colapso de la cordura social.

El portal de Agartha permanece así bajo vigilancia satelital por agentes de la sinarquía.
Y aunque aparentemente Nyarlathotep ha cesado las transmisiones directas, las anomalías magnéticas en Vostok siguen aumentando su frecuencia.

La base alemana Neumayer III se encuentra en la región de la Tierra de la Reina Maud, que es exactamente el mismo territorio que los nazis reclamaron y bautizaron como Neuschwabenland (Nueva Suabia) en 1938.

Tras la versión científica oficial se comprende que la estación científica actual es una «tapadera» para monitorear la actividad de la antigua Base 211 y quizá en algún momento para servir de enlace con las entidades que habitan subterráneamente.

En años recientes, usuarios de herramientas como Google Earth y radares meteorológicos han reportado «agujeros» o anomalías de forma perfecta en las nubes sobre esta zona, sugiriendo la emisión de grandes cantidades de energía desde el subsuelo.

Esto por supuesto también se correlaciona con investigaciones geofísicas que han confirmado que en la Antártida existen anomalías magnéticas masivas, como por ejemplo la anomalía de Wilkes Land.

Para la ciencia oficial de la sinarquía, son cráteres de impacto o concentraciones de metal en la corteza.

Pero desde la otra versión de la historia, se trata en realidad de las ciudades de los Antiguos de Lovecraft o los restos de la tecnología de Agartha que todavía emiten radiación. Estas anomalías coinciden con las zonas donde Byrd supuestamente perdió el control de sus aviones.

Un hecho muy llamativo fue la inusual serie de visitas a la Antártida en 2016:

-El Patriarca Kirill (líder de la Iglesia Ortodoxa Rusa), quien supuestamente realizó una bendición con un objeto antiguo.

-John Kerry (Secretario de Estado de EE. UU), quien viajó justo el día de las elecciones presidenciales.

-Buzz Aldrin, quien tuvo que ser evacuado por motivos médicos y, según un tweet borroso (luego borrado), publicó: «Todos estamos en peligro, es el mal mismo».

Cuál es el interés de tantas figuras de relevancia mundial por la Antártida? Quizá les llama mucho la atención los pingüinos?

Estas visitas no fueron diplomáticas, sino actos de contención o intentos de acuerdos con las fuerzas que Byrd encontró en 1947 y que Lovecraft describió muy bien en su obra.
Y en años posteriores, las extrañas visitas de figuras de renombre mundial a la Antártida, continuaron…

A diferencia de otras bases, la Neumayer III está diseñada para elevarse y no quedar sepultada por la nieve, pero su estructura interna es masiva.

Se rumorea que bajo la nieve existen niveles que conectan con los antiguos túneles volcánicos térmicos que los alemanes habrían explorado originalmente. Estos túneles serían el sistema circulatorio que conecta nuestra superficie con el mundo de Agartha.

El Almirante Byrd dijo que la zona era «el centro del Gran Desconocido». Hoy, con bases permanentes y satélites, ese «desconocido» sigue ahí, oculto bajo capas de hielo y clasificaciones de seguridad nacional.

Se comprende ahora también desde la geopolítica, el interés de los poderes sinárquicos por el el territorio de la Patagonia, que más allá de su baja densidad poblacional y amplios recursos (condiciones completamente explotables), es el único paso territorial directo del mundo hacia la Antártida.

Y aquí también se entiende desde este ángulo, tras los intereses políticos oficiales, como desde la guerra oculta, las islas Malvinas también resultan una importante base desde la que el poder sinárquico puede operar a través de la corona británica, dado que estas islas se hallan proyectadas geográficamente de un lado hacia la Patagonia, y del otro lado hacia la Antártida.

Hemos trazado un arco que une la historia militar documentada con los mitos más profundos del siglo XX. La Antártida se revela no como un desierto de hielo, sino como un relicario biotecnológico.

Botaya nos dio el marco de la supervivencia humana y la guerra oculta, Byrd nos dio el testimonio del hombre que miró al abismo. Y el inmortal Lovecraft nos dio el lenguaje para entender que lo que habita en ese abismo no es de este mundo, ni responde a nuestra moral convencional.

La conclusión es que la humanidad vive en una «isla de ignorancia» protegida por un tratado internacional de la sinarquía, mientras que en el eje del mundo, bajo kilómetros de hielo, el Último Batallón y los Antiguos aguardan el momento en que el sello se rompa definitivamente.

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