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Los Misterios Hiperbóreos de la Antártida -Cuarta Parte-

Por Christian C.

La conexión entre la Antártida y los seres reptiloides es el enlace que vincula la cuestión de la Tierra Hueca con el fenómeno de la Base 211 y el horror cósmico de Lovecraft.

Dentro de las teorías de los MIB (Hombres de Negro) y la Base 211, se dice que los seres con los que los nazis contactaron no eran humanos de Aldebarán, sino una raza de reptiloides/saurios inteligentes, que sabemos eran los «hombres lagarto de Venus», Siddhas Hiperbóreos.

Si conectamos esta información con lo que nos refiere Botaya, los planos de la tecnología Vril fueron entonces entregados por estos seres.

La forma de «disco» de las naves replica la tecnología de desplazamiento de esta raza intraterrestre.

Se dice que estos seres poseen capacidades de hipnosis o tecnología de holograma, lo que encaja con la figura del «Hombre de Negro» que parece humano pero tiene algo «artificial» o reptiliano en su mirada y movimientos.

Mucho antes de que David Icke popularizara y desprestigiara (como labor de desinformación) a los llamados reptilianos, Lovecraft y su círculo ya hablaban de los Hombres Serpiente de Valusia.

Según Lovecraft, esta raza dominó la Tierra antes que los humanos y se retiró a cavernas profundas cuando el clima y las condiciones cambiaron.

En la novela «En las montañas de la locura», aunque los protagonistas son los «Antiguos», se menciona que estos libraron guerras contra otras razas monstruosas que habitaban el subsuelo.

La Antártida sería el último reducto donde estas razas antiguas y la tecnología suprahumana se habrían encontrado.

El interés de estos seres por la Antártida tiene una base claramente biológica: son seres de sangre fría.

Cuando Byrd describe un valle tropical con vegetación y lagos cálidos bajo el hielo, está describiendo el hábitat perfecto para una civilización reptiloide.

Los reptiloides utilizan el calor del núcleo terrestre y la energía Vril para mantener ecosistemas artificiales bajo la capa de hielo, ocultos de la mirada de la superficie.

En los últimos años, imágenes satelitales de formaciones piramidales en la Antártida han circulado por internet.

Estas pirámides no son tumbas, sino antenas o puntos de entrada a ciudades subterráneas.

Los nazis de la Base 211 no «conquistaron la Antártida», sino que entraron en acuerdo con los seres reptiloides que allí moraban, con quienes previamente habían establecido contacto.

Nyarlathotep actuó como el mediador de este acuerdo, la entrega de tecnología de los «Dioses reptiles» a los nazis a cambio de que estos actúen como la primera línea de defensa (la Base 211) contra las expediciones de la superficie, como la de Byrd.

Si alguien se sorprendiese del manejo tecnológico mecánico que pudiera brindar Nyarlathotep, recordemos que Lovecraft menciona a Nikola Tesla como una de las formas de Nyarlathotep, algunos de cuyos conocimientos fueron desacreditados y ocultados, pudiendo cambiar la historia del mundo.

Existe además una corriente literaria fascinante donde la línea entre la ficción y la llamada teoría de la conspiración es casi inexistente.

Algunos autores utilizan la novela para «filtrar» información que de otro modo sería censurada, mientras que otros simplemente llevan los mitos de la Antártida al extremo del horror y la aventura, más captando evidentemente desde la Minne o memoria de sangre lo que allí se oculta.

Por supuesto, no cabe esperar que estos autores sean necesariamente iniciados gnósticos, por lo que su grado de orientación o desorientación gnóstica puede variar, incidiendo en sus obras literarias.

Entre varios autores, podemos destacar los siguientes.

Por un lado, Wilhelm Landig, quien fue un ex-oficial de las SS y miembro del grupo esotérico de Viena. Sus novelas son consideradas por muchos como «ficción documental». Su obra, por ej. Götzen gegen Thule (Ídolos contra Thule, 1971), que introduce la idea de la Base 211, describe naves circulares impulsadas por energía Vril (Vimanas modernos) que operan desde la Antártida.

Luego tenemos a Robert Doherty con la saga de «Area 51». Este autor utiliza un estilo de techno-thriller (al estilo Tom Clancy) para exponer teorías de antiguos astronautas y bases polares.

Su obra, la serie Area 51 (especialmente el libro The Grail) expone que la Antártida alberga una nave nodriza alienígena enterrada hace milenios. Aquí los reptilianos y los nazis son piezas de un tablero donde la tecnología de Byrd y Roswell son solo migajas de un poder mayor.

Y no podemos obviar mencionar a Charles Berlitz y William Moore, que aunque se presentan como investigadores, su estilo narrativo convirtió sus libros en best-sellers de ficción especulativa.

Sus obras clave en la materia son «El Incidente de Roswell» y «El Experimento Filadelfia». Aquí conectan la desaparición de barcos y la tecnología de invisibilidad con bases en los polos, sugiriendo que el gobierno de EE. UU. heredó tecnología de los nazis, que estos a su vez obtuvieron de «fuentes no humanas» en el sur.

Demos una mirada ahora a diferentes films, que desde la «ficción» han también revelado algunas de estas cuestiones.

La saga Iron Sky (especialmente su segunda parte, Iron Sky: The Coming Race del 2019) es probablemente la obra cinematográfica que mejor condensa absolutamente todos los puntos hasta ahora tocados: desde la Tierra Hueca como planteara originalmente Poe hasta los reptilianos, pasando por la energía Vril y las expediciones nazis.

Mientras que la primera película se centraba en la base nazi en la Luna, la secuela baja literalmente al subsuelo. La trama revela que tras una guerra nuclear, los supervivientes humanos deben descender al centro de la Tierra a través de una abertura en la Antártida.

El diseño visual de la entrada en el Polo Sur es un homenaje directo a las descripciones de Jeremiah Reynolds y Edgar Allan Poe en Arthur Gordon Pym. Es ese «abismo» que conduce a un mundo interior iluminado por un sol central.

La película introduce a los «Vril», una raza de reptiles humanoides que cambian de forma, quienes han dominado y a menudo torcido la historia de la humanidad desde las sombras.

El nombre proviene directamente de la novela The Coming Race (la energía Vril) y su apariencia y comportamiento recuerdan algo las teorías de David Icke.

Hay no obstante un giro de desinformación, en un sincretismo que golpea fuertemente en la psique del espectador, confundiéndolo, a la vez que se termina ridiculizando «frente a la razón» todos estos temas, al mismo tiempo que se brindan las claves ocultas «a la vista».

En el film, grandes figuras históricas (incluyendo Hitler, Margaret Thatcher o Mark Zuckerberg) son en realidad reptilianos disfrazados. Esto parodia la idea de sociedades ocultas y los «Superiores Desconocidos», la élite oculta que no es humana.

Una de las imágenes más icónicas de la película es Hitler cabalgando un Tiranosaurio Rex en el mundo interior.

Al igual que en «Viaje al centro de la Tierra» de Julio Verne, el mundo intraterreno de Iron Sky es un «museo viviente» donde sobreviven especies extintas de dinosaurios. La tecnología que utilizan los nazis en este refugio subterráneo está alimentada por una sustancia brillante, que es, explícitamente, la energía Vril.

La película utiliza como premisa la leyenda de que los nazis escaparon a la Antártida al final de la Segunda Guerra Mundial.

La narrativa sigue la tesis de «El retorno de los brujos», considerando que la Antártida no fue un lugar de derrota, sino de retirada estratégica hacia una dimensión o cavidad interna.

Aunque la película es una comedia de acción con mucho humor negro, es valiosa porque mapea el árbol genealógico del mito. Resulta claro en este film que el director conocía perfectamente la física esotérica de la Alemania nazi, la literatura de horror de mediados de siglo de Lovecraft y Robert Howard (quien presentó en sus historias a los «hombres serpiente»), y los temas que hoy día se enmascaran culturalmente bajo la premisa de «conspiranoia», que contienen muchas veces verdades silenciadas, ridiculizadas o negadas.

Dando una mirada a otros films que también presentan un eco de estos temas, encontramos «Nazis en el centro de la Tierra» (2012) producida por «The Asylum», película «Serie B», utilizando casi todos los elementos del folclore de la Base 211.

Aquí un grupo de investigadores en la Antártida es secuestrado por soldados con máscaras de gas que los llevan a una base subterránea kilómetros bajo el hielo.

Allí descubren que los nazis han sobrevivido utilizando trasplantes de órganos y tecnología regenerativa (una versión macabra del «elixir de vida» del mercurio rojo). Incluso aparece un Hitler robótico, uniendo la idea de la supervivencia biológica con la ingeniería extrema.

Luego tenemos también «Depredador» (Alien vs. Predator, 2004).

Esta película traslada el mito de la entrada subterránea a un contexto arqueológico en la Antártida.

Una expedición detecta una anomalía térmica bajo el hielo de la Isla Bouvet (una isla muy aislada). Al excavar, encuentran una pirámide colosal que combina arquitectura azteca, egipcia y camboyana.

La película refuerza la idea de que la Antártida fue el «centro original» de la civilización antes de la glaciación, conectando las culturas de los Andes y Asia con un origen común bajo el hielo.

Y cómo no mencionar «Capitán América: El primer vengador» (2011).

El universo de Marvel utiliza la Antártida (y el Ártico) como el lugar donde la tecnología avanzada del pasado queda congelada.

La organización HYDRA es una representación cinematográfica de la Sociedad Vril. Buscan objetos de «los dioses» (como el Teseracto) para alimentar armas que parecen Ovnis. El hecho de que el Capitán América quede congelado en el hielo y sea encontrado décadas después es una metáfora de cómo el pasado «Hiperbóreo» sigue latente bajo el hielo.

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